Negociaciones de cambio climático en la era del "shale oil": COP20 y las posibilidades de América Latina de ser un lider global

El día de hoy viaja la ministra de Clima y Medio Ambiente Tine Sundtoft a Lima para encabezar la delegación  Noruega, que ya ha estado en  Perú durante una semana. Los motivos del viaje son negociar los mecanismos que pueden facilitar un nuevo acuerdo sobre  clima el próximo año, en  París. Hasta ahora, hay pocos indicios de que los resultados oficiales compensaran  las emisiones de gases de efecto invernadero  que implica llevar  50 burócratas noruegos al otro lado del planeta. Lamentablemente,  es probable que la reunión malograda de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), llevada a cabo hace dos semanas, tenga mayores efectos para el clima global, al menos a corto plazo. Pero  la COP20  (La XX Conferencia Internacional sobre Cambio Climático) también puede ser el comienzo de un nuevo rol para América Latina en las políticas del calentamiento global - si se utiliza la oportunidad para un debate más amplio en terreno propio.

La COP20 ha recibido relativamente poca atención en  los medios de nuestro país, a pesar de la fuerte presencia noruega en el acto. Esto se debe principalmente al hecho de que lo más destacable  que se puede conseguir, son procedimientos y elementos de acuerdo para una nueva reunión de negociación en París en el año 2015. Los medios de comunicación, seguramente, tambien tienen en fresca memoria las  negociaciones de Copenhague en el año 2009, donde no se llego a nada más que  a  una vaga intención de reducir el calentamiento global a 2 grados. Ni el país anfitrión o las llamadas economías "emergentes" son parte del Anexo 1 del Protocolo de Kioto de 1998. Esto significa que ninguno de ellos ha asumido los compromisos de reducción de emisiones, al igual que los  pecadores  principales mundiales de  emisiones de CO2, China y los EE.UU. Por lo tanto,  sólo el 10 por ciento de las emisiones son cubiertas por un acuerdo global. Por consiguiente, un nuevo acuerdo sobre clima es apremiante, pero también a la vez muy difícil. El acuerdo que China y los EE.UU. firmaron antes de la cumbre de Lima, donde  Estados Unidos se comprometió a reducir sus emisiones en un 26 por ciento antes de 2015, y China reduciría  las emisiones para el año 2030 creó esperanzas. Sin embargo, a pesar de que la falta de voluntad de estos dos gigantes para emprender la reducción de las emisiones ha sido un gran obstáculo para el progreso en las negociaciones sobre el clima, el acuerdo no ha creado una mejor dinámica de negociación en Lima hasta el momento.

América Latina representa una pequeña parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, con sólo 5.6 toneladas per cápita a US 20-22 y Europa 10-12. Por lo tanto, es evidente que América Latina no es uno de los actores principales en las política del calentamiento global, pero se podrían imaginar dos  tareas posibles en relación a las política del calentamiento global en el contexto geopolítico actual.

Un rol natural para América Latina es ser opositor a los Estados Unidos.  EE.UU es el responsable principal de la situación actual del clima y hasta que Estados Unidos no haga  más esfuerzos para reducir sus propias emisiones, muchos grupos de latinoamericanos piensan que hay pocas motivos para comenzar por ellos mismos en la región.

La importancia de la política de Estados Unidos va evidentemente más allá de la falta de voluntad para concertar los acuerdos climáticos internacionales obligatorios. Entre otras cosas, Estados Unidos es causa actual a la importante disminución de los precios del petróleo que también serán una gran amenaza para el clima. De manera más precisa, una de las razones principales por las que el precio del petróleo ha caído de casi $ 115 (dólares) en junio,  a alrededor de $ 70 (dólares) actualmente, es la tecnología que ha hecho que el petróleo  ligero que se encuentra en  las formaciones de pizarra se pueda extraer. La producción de petróleo "shale oil" (petroleo de pizarra) en Texas y Dakota del Norte, ha aumentado la producción de petróleo de Estados Unidos en un tercio desde el año 2010. Mientras que el gas de pizarra (shale gas)puede sustituir al peor agresor ambiental que es el carbón, la producción de shale oil requiere el uso de "fracturación hidráulica" ("fracking") – que consiste en rociar grandes cantidades de agua y productos químicos en la pizarra - para poder extraerla. Eso significa entre un 20 y 50 por ciento más grande de emisiones que con la producción de petróleo convencional, aunque es variable también que tan hostil es la producción de "shale oil" a nivel ambiental. Sin embargo, el principal efecto climático por causa de la revolución de "shale oil", es de todas maneras la caída del precio del petróleo, que contribuyen al aumento del consumo. La revolución "shale oil" también ha dado a los Estados Unidos una posición fuerte en la política global del petróleo. De las reservas de "shale oil" conocidas hay 75 mil millones de barriles en Rusia, entre 48-58 mil millones en los EE.UU; 32 mil millones en China, 27 mil millones ubicados en Argentina, 13 mil millones en Venezuela y 13 mil millones en México. Como bien el economista argentino Luis Argüero, que estuvo  de visita en NorLARNet durante un par de semanas atrás, destacó  que las reservas de "shale oil" en la zona denominada Vaca Muerta pueden  salvar   una economía argentina que está en camino hacia una nueva crisis integral. Pero lo que los países de América Latina carecen en comparación a los Estados Unidos, es la tecnología y el capital para extraer los recursos. Con precios bajos en el petróleo probablemente también se verá un menor interés a invertir en países, tales como Argentina y Venezuela (que también tiene una serie de otras características que no son muy atractivas para inversionistas). Entonces, aunque sea relativamente más barato invertir en el "shale oil", en vez de por ejemplo el petróleo Brasilero bajo  el fondo del océano, se podrá observar cada vez una mayor dominación del enemigo climático de Estados Unidos, en uno de los sectores más importantes para el desarrollo del clima mundial.

Por primera vez, países como Venezuela  - que se dirigen hacia un abismo económico profundo, motivo a la caída de los precios del petróleo – tienen intereses comunes con  activistas contra calentamiento global. Lo mismo sucede con Ecuador, que ciertamente tiene una posición menos vulnerable a la de Venezuela. Entonces, cuando Venezuela ahora critica a Estados Unidos por su "fracking" a gran escala, en  muchos aspectos es comprensible, y lo anterior repercuta entre la mayoría de los pueblos en Latinoamérica.

Pero seria todavía  más constructivo si América Latina trabajara por la creación de un  espacio de debates ambientales a nivel regional, nacional, que contribuyeran  con a positivos cambio en el debate sobre el clima global. Hay muchas tendencias que van en esa dirección. Ayer se anunció que ocho países de América Latina se comprometieron a plantar 20 millones de hectáreas de bosque antes de 2020 para reemplazar los bosques perdidos, y Brasil ha hecho mucho para frenar la deforestación en Amazonas. Al igual que cuando México tomó un papel de liderazgo como país anfitrión de las negociaciones sobre el cambio climático en Cancún en 2010, ahora es Perú que muestra el profesionalismo diplomático como país anfitrión en Lima.

El problema es que  a menudo las realidades de los círculos diplomáticos están bastantes lejanos a lo que sucede a nivel nacional y local. En Argentina, el debate ambiental acerca de "shale oil" ha estado prácticamente ausente, a pesar de la inminente apuesta. En el país anfitrión de Perú, el nuevo plan de desarrollo de reducción del Presidente implica sanciones  para los delitos ambientales, y reducción en el proceso tiempo para las licencias de minería y energía, que puede significar que las preocupaciones ambientales se hagan a un lado. Al mismo tiempo, cada vez aumenta el problema de que más países están criminalizando el activismo ambiental, mientras que la falta de control y un enfoque unilateral en el crecimiento económico  ha abierto las puertas a inversiones de grupos de organizaciones criminales que operan tanto en  la minería como en la explotación forestal.

Para que América Latina sea capaz de tomar un "liderazgo moral",  donde entre ellos encontramos al ex presidente de Chile y ahora jefe diplomático, Ricardo Lagos, se tiene que ver a las políticas de cambio climático y la desigualdad en el mismo contexto. Pues  no cabe duda, que los que van a sufrir más por el cambio climático son los agricultores pobres y otros que viven en zonas vulnerables en América Latina. El clima y  las problemáticas medioambientales siempre se han relacionado con la justicia social en América Latina, y como hemos discutido en un nuevo libro sobre las élites y el medioambiente bajo la ola de gobiernos izquierdistas, (con algunas excepciones) el movimiento medioambiental en América Latina ha sido anti-elitista. El desafío en la última década ha sido que varios de los gobiernos de centro-izquierda – que es donde han surgido los movimientos sociales anti-elitistas - se han mostrado reacios a hacerse cargo de la necesidad de un debate a fondo sobre cómo combinar el uso sostenible y sustentable de los recursos naturales, igualdad social,  adaptación al cambio climático, y la contribución para la prevención de esta. Se hace hincapié de esto en parte en el "side event" la COP20, donde se discuten nuevos modelos de desarrollo.

Después del cambio de milenio Latinoamérica salió seriamente de la sombra de Estados Unidos, pero después de una década de crecimiento y mejoras sociales, la imagen renovada de la región como región de progreso ya se ha desvanecido. La política económica fallida de algunos países y la violencia han contribuido a esto, pero también radica en la falta de atención  en torno a la galopante extracción de recursos naturales y a la traición que se ha hecho hacia el medio ambiente. Por lo tanto la COP20 en la ciudad de Lima, debe utilizarse como una oportunidad para mostrar un nuevo liderazgo que en mayor grado se basa en el modelo de desarrollo sostenible. Esto no quiere decir que la responsabilidad principal no está en los países ricos (obviamente incluyendo Noruega) junto con China. Pero significa que América Latina debería usar los próximos años de bajo crecimiento en pensar en forma nueva y diferente tanto en las políticas de clima medioambiente a nivel regional y mundial.

Emneord: Clima, USA, manejo de recursos naturales, Argentina, Norge, Kina, Medio ambiente, petroleo, Brasiil, Peru Av Benedicte Bull
Publisert 7. aug. 2015 11:32
Legg til kommentar

Logg inn for å kommentere

Ikke UiO- eller Feide-bruker?
Opprett en WebID-bruker for å kommentere